Blog de Gina Aran

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El valor de la ejemplaridad en trabajo #diadeltrabajo

Este mes la revista catalana “Valors” (Valores) publicó un monográfico sobre la ejemplaridad. Me invitaron a reflexionar sobre ello en el ámbito del trabajo y a compartirlo con sus lectores. Lo cierto es que dió mucho de sí, pues en el fondo aprendemos y consolidamos buenas o malas prácticas siguiendo el ejemplo de quienes nos rodean.

“Ser ejemplar” tiene esa carga de responsabilidad que a muchos abruma. Pero es más sencillo y su impacto en la sociedad en la que vivimos puede ser decisivo para lograr ese anhelado cambio de paradigma. Comparto aquí algunos de los motivos por los que deberíamos reinterpretar y revalorizar la ejemplaridad en el trabajo.

Quienes trabajamos en organización y desarrollo de personas sabemos que cuando contratamos a alguien no estamos comprando sus conocimientos y su experiencia, estamos introduciendo en la ‘familia’ a un nuevo ser con una historia, unas inquietudes y una personalidad. Del mismo modo, todos los que ya forman parte de ella se desarrollan en un contexto de interrelación complejo que puede hacer que la empresa sea un espacio para crecer personal y profesionalmente o más bien un lugar desolador. Y qué interesa a la empresa? La empresa crece cuando lo hace su gente. Quien no entienda esto a los tiempos que corren quedará primero estancado y luego defenestrado en la carrera de la competitividad.

Todavía hay empresarios escépticos porque es el dinero a corto plazo lo que les aporta seguridad, pero es la capacidad de ver a largo plazo lo que hace grandes las empresas, el crecimiento sostenido y el impacto social positivo no son posibles sin crear equipo, asegurar su bienestar y desarrollo, y sin crear una cultura fundamentada en valores.

La cultura de las empresas nace de su cúpula organizativa y emana hacia las posiciones más operativas por capilaridad, es decir por ejemplaridad. No deberían olvidar estas cúpulas el rol social de la empresa, que tiene el poder y la influencia que la convierten en pilar de desarrollo de una sociedad, donde haya oportunidades para todos. Es aquí donde hay ejemplaridad, ‘predicar con el ejemplo’.

La ejemplaridad parte de la ética interior de cada líder, que se sabe referente y generador de cultura empresarial; nace cuando del rastro de su propio desarrollo sale el crecimiento de las personas que lo siguen; se fundamenta en un sistema de valores de integridad y exigencia personal, junto a los de colaboración, cuidado y mejora continua.

Dar ejemplo no es la principal manera de influir en los demás, és la única. (A. Einstein)

Pero en mi opinión -quizás realmente expreso un deseo- más allá de los líderes, todos y cada uno de los trabajadores y trabajadoras deben autoliderar y servir ellos mismos de ejemplo para quien los rodea, por lo que el circuito de ejemplaridad y ética se retroalimente constantemente, unos reflejándose en los demás. Y esto es extrapolable a la sociedad en general, porque ellos y ellas ‘son’ y ‘hacen’ sociedad.

Por otra parte, desde una óptica de rrhh, el saberse ejemplo o referente aporta una recompensa, la satisfacción de sentirse útil y valorado, que pone en marcha todos los motores de motivación intrínseca y, en consecuencia, nutre la fidelidad , el compromiso y las ganas de hacer las cosas bien hechas.

Posiblemente, antes de tomar cualquier decisión, sería bueno hacerse 4 preguntas: si se está actuando para el bien común, si se está sacrificando la ventaja futura por un premio inmediato, si se ha escuchado atentamente a los demás y si se piensan asumir responsabilidades.

Resulta entonces claro que la ejemplaridad, entendida en estos términos, es un requisito no sólo deseable sino altamente valorable, pues se proyecta de la persona a la empresa y al mundo.

Con sentido práctico, siempre digo que en la vida hay que procurar cumplir tres sencillas pautas para ser ejemplar:

1) Hacer lo que hay que hacer. Para ‘hacer lo que hay que hacer’, hay que discernir, tener criterio y elementos para decidir qué hacer y qué no, hay empuje para decidir y hacer cosas quizás difíciles, largas o desagrables.

2) Hacerlo bien. Para ‘hacerlo bien’, se necesitan conocimientos, experiencia y creatividad, pero también la habilidad de buscar y ganarse las complicidades necesarias. Nadie es perfecto, ni sabe todo sobre todo.

3) Terminarlo. Para ‘terminarlo’ se necesita actitud y entusiasmo, mantener el fin en mente y la motivación despierta.

Són o no son todas estas las características que quisiéramos ver en nuestros colaboradores? Lo son sin duda, és más las deseamos para nosotros mismos,  y por lo tanto nuevamente la ejemplaridad es necesaria para que las cosas fluyan y entre todos generamos valor.

Artículo completo y monográfico en “Valors”

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Esta entrada fue publicada el 30 abril 2017 por en Talento.

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